CÓMO GANAR PREMIO NOBEL *

H. A. KREBS (Premio Nobel de Medicina)

∗Traducido por: Benhur Chica Giraldo.

Hans A. Krebs

Nació en Hildesheim (Alemania en 1900, en 1931 emigró a Inglaterra donde se nacionalizó. En 1.953 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus trabajos sobre el ciclo de la fosfodilación oxidada o ciclo de Krebs, que es un sistema de enzimas localizadas en la mitocondria de las células cuya función es transformar la energía química contenida en los alimentos en energía mecánica (empleada por los organismos en todo tipo de trabajo).   El Premio Nobel fué compartido con su compatriota y colaborador Fritz A. Lipmann.   En 1.967, publicó este artículo en la Revista Nature, volumen 215 Issue 5109; 1441- 1445 pp. Hans A. Krebs, murió en Oxford (Inglaterra) en 1.981.

krebs

“La ciencia es el estudio de los invariantes”.

J. Monod (Nobel de Medicina).

La ciencia no es más que el sentido común entrenado y organizado”

T. Huxley.

Panteón de Atenea

Panteón de Atenea

 La ciencia es el conocimiento de las cosas por sus causas próximas.  Esas causas próximas suelen ser las leyes de la naturaleza”.

Santo Tomás de Aquino.

 La Ciencia es la verdadera escuela moral, ella enseña al hombre el amor y el respeto por la verdad, sin los cuales toda esperanza es quimera”.

P.  Berthelot.

“La ciencia es el conocimiento de nosotros, de nuestro mundo, y del método de adquirir ese conocimiento”.

        J. Porter (Premio Nobel de Química)

“La ciencia es la progresiva aproximación del hombre al mundo real”.

       Max Plank (Premio Nobel de Física).

Me interesé por este tema porque los estudiantes me preguntaban: “¿Cómo se consigue ser un premio Nobel?”  Jamás intenté responder esta pregunta porque me sentía incapaz de dar una respuesta inmediata, pero cuando la pregunta  comenzó a repetirse, pasé a reflexionar sobre las posibles respuestas.

Primero debo criticar la pregunta por no ser bien formulada.  Mejor sería la pregunta relacionada: “¿Cómo se puede alcanzar un nivel de excelencia en ciencia?”.

Los premios Nobel son hasta cierto punto cuestión de suerte porque su número es muy pequeño para hacer justicia a todos los que los merecen.

La manera metódica de encontrar una respuesta a esa pregunta modificada, sería encontrar la historia y características de los científicos de nivel de excelencia.  Con ese objetivo yo necesitaría un criterio adecuado de excelencia y, a pesar de lo anteriormente dicho (y a pesar de cierto embarazo personal), utilizaré el premio Nobel como criterio de excelencia, por falta de otro mejor.

Si yo preguntase cómo sucedió que un día me vi en Estocolmo, no tendría la menor duda en atribuir esa suerte a la ocasión de haber tenido un maestro excepcional en la época crítica de mi carrera científica cuando entre los 25 y los 29 años de edad me asocié a Otto Warburg en Berlín.  Él era un ejemplo de los métodos y de las cualidades de investigación científica de primera categoría.  Sin Él, estoy seguro de que nunca habría alcanzado las condiciones exigidas como prerrequisito por la comisión Nobel.

Diré algunas palabras más tarde sobre lo que particularmente creo que aprendí con Warburg1, pero antes de hacerlo me gustaría examinar hasta que punto la importancia de un maestro excepcional influyó sobre los otros premio Nobel.

El propio Warburg  ganó premio Nobel en 1.931.  Recibió el premio por su trabajo sobre la naturaleza de una enzima fundamental en los procesos de oxidación celular.  Yo tuve la suerte de acompañar muy de cerca ese trabajo y de tomar parte en el modo de subsidiario.  ¿Cuál es el origen de los patrones de trabajo de Warburg?

En nota autobiográfica que escribió en 1.964, Él señaló: “el hecho más importante de la carrera de un joven científico es el contacto personal con los grandes científicos de su tiempo.  Eso aconteció conmigo cuando Emil Fischer me aceptó como colaborador en química de las proteínas, en 1903.  Durante los tres años siguientes acompañé a Fischer casi diariamente, y preparé bajo su orientación los primeros péptídos ópticamente activos”.  Así la experiencia y los puntos de vista de Warburg son muy parecidos a los míos.  Pero continuemos con la historia:  Emil Fischer. Maestro de Warburg, fué uno de los más importantes químicos de su tiempo.  Recibió el premio Nobel en 1.902 por su trabajo sobre la naturaleza química de los azúcares, el primero de su larga serie de grandes trabajos.  Fischer, a su turno fué alumno y colaborador durante mucho tiempo de otro premio Nobel, Adolf Von Baeyer, que fué premiado después de Fischer en 1905, por su descubrimiento en el campo de la química de los colorantes orgánicos en particular por la síntesis del índigo.

MAESTROS

Por lo que los premios Nobel comenzaron en 1.901, este criterio de excelencia no puede ser utilizado para el siglo XIX, más la “genealogía” científica de maestros y discípulos de la fig. 1, muestra que Von Baeyer fué alumno de Kekulé (famoso por sus contribuciones a la estructura de compuestos orgánicos, especialmente la estructura cíclica del benceno), y que Kekulé fué  discípulo de Liebig (“fundador de la química orgánica).

Evidentemente había también una asociación entre los más importantes maestros de las primeras generaciones de científicos.  Si existiese en aquella época los premios Nobel, Liebig y Kekulé serían ciertamente premiados.

“El maestro es tan grande como su escuela”.

Benhur Chica.

cuadro genealogia

…”Cuando conozcamos todas las leyes fundamentales que rigen la naturaleza, podremos predecir cual es el objetivo de ella, y de nuestra estadía en esta Tierra”

R. Feymman (Premio Nobel de Física).

“La ciencia aumenta los conocimientos, desarrolla la inteligencia, es un factor de cultura y aumenta el bienestar material”.

B. Houssay (Nobel de Medicina).

“La investigación científica fundamental es la fuente de donde se derivan las aplicaciones científicas y técnicas…De ella dependen la alimentación, el bienestar, la riqueza, la potencia y aún la independencia de las naciones”. 

B. Houssay, (Nobel de Medicina).

el árbol de la ciencia

“Invertir en el conocimiento produce siempre los mejores intereses”. 

B. Franklin.

Modernizar un estado es actualizar su sistema de producción, actualizar su sistema de producción es actualizar la técnica, y esto requiere actualizar la ciencia”.  

Benhur Chica.

Liebig dió testimonio de la importancia de un buen orientador.  Fué alumno del químico francés Gay-Lussac, el descubridor de algunas leyes fundamentales del comportamiento de los gases.  En la época de Gay Lussac y del joven Liebig, París era el centro de la ciencia continental y particularmente de la química,  Liebig trabajó bajo su orientación en París y se refirió a esa experiencia2 en los siguientes términos: “El camino que mi vida tomó fué determinado por el hecho de haberme aceptado Gay-Lussac en su laboratorio como colaborador y alumno”.  Esa declaración es casi la misma de Warburg, escrita 100 años más tarde.  Gay-Lussac a su turno, fué producto de la gran escuela francesa de químicos, incluyendo en particular a Berthollet, pionero en los conceptos de combustión (abandonando la teoría de flogístico en favor del papel del oxígeno en el proceso) y en la elucidación de la química del cloro, del amonio y del ácido hidrociánico.  Uno de los maestros  de Berthollet fué Lavoisier.

En todos los casos la asociación entre maestro y discípulo fué estrecha y prolongada, extendiéndose desde la fase inmadura del discípulo, hasta lo que hoy llamaríamos niveles de posgraduación.  No era simplemente cuestión de asistir a cursos y conferencias, sino de hacer investigación científica junta por tiempo prolongado.

GENEALOGÍA

Así, mi “genealogía” científica, como consta en la Fig. 1 nos lleva a la tesis de que, en muchos casos, la excelencia cría excelencias, o en otras palabras, la excelencia se desenvuelve cuando es alimentada por excelencia.  Esa conclusión sobresale más claramente si examinamos un árbol genealógico de un esquema que exhibido en el Museo de Munich de Ciencia y Tecnología (Deutsches Museum), sintetiza la genealogía de los premio Nobel de Von Baeyer el discípulo de Liebig, e incluyen diez y siete nombres. Descubrimientos fundamentales pueden ser asociados a todos ellos.  Un esquema aún mayor3  principiando dos generaciones antes de Liebig contiene más de 60 nombres excepcionales e incluye más de 30 premios Nobel.

Examinando esa aglomeración de premiados en una misma familia científica, el escéptico podría sospechar la tendencia a conferir premio a los alumnos de los primeros premiados.  En resumen, ¿el nepotismo desempeña algún papel en todo esto?  Espero que todos concuerden a que la respuesta a esa pregunta sea un enfático “No”.

La alta significación a los ojos del mundo, de los premio Nobel, deriva del reconocimiento general de la absoluta integridad de la comisión Nobel, y del conocimiento de que esas comisiones tienen problemas enormes en encontrar las personas más indicadas para los premios.

Entonces, ¿qué se puede aprender, específicamente, con maestros de gran proyección  científica?  Lo que ellos enseñan, ante todo, es la ciencia en alto nivel.  Medimos todas las cosas, inclusive a nosotros mismos, por comparación; y en ausencia de otras personas con gran capacidad existe el riesgo de que creamos fácilmente que somos excelentes y superiores a cualquiera.  Los mediocres parecen grandes para ellos mismos (y para otros mediocres) si se envuelven apenas en cosas insignificantes.  Del mismo modo, las personas bajas de estatura se sienten enanas al lado de gigantes, y éste es un sentimiento mucho más útil.  Así, lo que el gigante de la ciencia nos enseña es a vernos más modestamente y a no superestimarnos.  Este es un punto de orden general.

GENEALOGÍA  DE  LA  “FAMILIA”  VON  BAEYER

 Las flechas indican la relación maestro-discípulo.  Todos los miembros de esta “familia” son premios Nobel:

Permítanme ahora intentar ser más específico y citar a los individuos que pensaron sobre la influencia de sus maestros.  Warburg1  en su nota autobiográfica sintetizó este punto refiriéndose a su asociación con Emil Fisher: “Aprendí que el científico debe tener el coraje de atacar los grandes problemas no resueltos en su tiempo y que las soluciones generalmente pueden surgir de innumerables experiencias, sin mucha reflexión crítica”.   Si yo intentase sintetizar lo que aprendí con Warburg diría que el fué para mí un ejemplo de cómo hacer la pregunta correcta, de crear nuevos instrumentos para atacar los problemas escogidos, de ser impiadosamente autocrítico y darme el trabajo de esclarecer los hechos, de expresar los resultados e ideas en forma clara y concisa y de focalizar la vida en valores verdaderos.  Uno de los primeros testimonios de qué se aprende con los grandes maestros fué el de Kekulé: en 1.890,  con 61 años de edad declaró que sobre todo, lo que el aprendió con su maestro Liebig fue el hábito de trabajar mucho.  Cuenta que Liebig le decía:  “Si usted desea ser un químico, debe estar listo a trabajar tanto, al punto de casi arruinar su salud.   Los que no están preparados para eso no van muy lejos en química hoy en día”.  Kekulé resaltó: Durante muchos años 4 ó a veces tres horas de sueño me eran suficientes”.  Kekulé evidentemente exageró un poco, pero pienso que es bueno resaltar la importancia de la capacidad de trabajo intenso.

 

OPORTUNIDADES

Testimonios recientes de que se puede ganar una buena orientación es Jacques Monod5,  que recibió el Premio Nobel en 1.965.  En su discurso de recepción del premio él comentó la importancia que le significó una beca de la Rockefeller que le dio la oportunidad de trabajar en el Instituto de Tecnología de California, en el laboratorio de Morgan.  Describe la influencia que el contacto con los investigadores tuvo sobre su formación como científico: “fué una revelación para mí  –revelación de cómo funciona un grupo de científicos con actividad creadora, que la difunden en constante cambio de ideas, especulaciones osadas y fuertes críticas-; fué una revelación de personalidades de gran significado como Jorge Beadle, Sterling Emerson, Bridies, Sturtevant, Jack Shultz y Ephrussi, todos ellos trabajando en esta época en el laboratorio de Morgan”.  Morgan entonces ya era premio Nobel y Beadle lo fué algún tiempo después.

Hay un testimonio más que me gustaría citar en relación a las cualidades específicas que los grandes maestros pueden transmitir.  Se trata de Otto Loevi, Premio Nobel en 1.936, farmacéutico y fisiólogo.  El declaró lo siguiente sobre los mejores fisiólogos del siglo XIX y su influencia sobre sus discípulos6:  Tenían en alto grado, cualidades como,  entusiasmo contagioso, amplia imaginación, humildad y profunda devoción a sus alumnos”. Cualidades que por sí solas bastan para atraer a los mejores estudiantes. Además del arte de experimentación y observación, los alumnos aprendían los métodos de pensamiento que la ciencia exigeAprendían cómo escoger el objeto a ser explorado, cómo interpretar y evaluar los resultados obtenidos, y cómo integrarlos en todo un cuerpo de conocimientos.  De ese modo los estudiantes no solo se familiarizaban con técnicas y fenómenos, sino que se imbuían del espíritu científico que forma al verdadero profesor e investigador.  Así sobre todo, aptitudes más que conocimientos, son transmitidos por los grandes orientadores.  Habilidad técnica (que se puede aprender de  muchos profesores), del mismo modo que un mínimo de inteligencia, son evidentemente prerrequisitos para una buena investigación.  Más lo que es crítico es la utilización de las técnicas, cómo evaluar sus alcances y limitaciones, cómo mejorarlas, suplementarlas..  Pero probablemente  el más importante elemento de aptitud es la humildad, porque de ella se origina una conciencia autocrítica y el continuo esfuerzo en aprender y mejorar.  También de gran importancia es el entusiasmo transmitido de maestro a discípulo: éste es la base de la gran capacidad de trabajo, hace  que el investigador encare la investigación no como un trabajo sino como una diversión y también lo induce a decir “NO” cuando es atraído por diversiones tentadoras que lo llevan a los corredores del poder o a viajes innumerables al exterior.

Tesis: “El objetivo de la ciencia es conocer el objeto de nuestra estadía en la Tierra”.

A. Huxley.

Antítesis: “El objetivo de la ciencia es producir guía para la acción práctica”.

C. Furtado.

                                                                 Síntesis: A cargo del lector.

“Investigar en el sentido moderno es, comprobar una hipótesis… sin hipótesis, es navegar sin rumbo”.    

                                  P. B. Medawar (Nobel de Medicina). 9*.                                                                

“Hipótesis es una predicción de algo que podría ser cierto, con consecuencias verificables”.   

(Ibid).

Palas Atenea

El Método Hipotético Deductivo es un sistema auto organizado, en donde la hipótesis es el aparato ordenador.  (véase La Magia de la Auto organización, en esta web).

Benhur Chica.

“Todas las condiciones de la felicidad se hallan realizadas en la vida del hombre de ciencia”.   

B. Russell  (Nobel de Literatura).

“El científico es el monje moderno”.

J. Ortega y Gasset.

“Sugiero que el objetivo de la ciencia, consiste en dar explicaciones satisfactorias de todo aquello que nos parece precisar una explicación”.

K.  Popper.

“Según el punto de vista budista, no puede haber sabiduría sin compasión, lo que significa para mí, que la ciencia carece de valor sino va acompañada de una preocupación social”. 

F. Kapra.

“El experimentador que no sabe lo que está buscando, no comprende lo que encuentra”.

C. Bernard.

“El científico debe tener una imaginación espontánea y no obstante escéptica, creadora y sinembargo crítica.  Su pensamiento en un determinado sentido debe ser libre, y en otro, estrictamente reglamentado.  Hay poesía en la ciencia, pero también mucho de contabilidad”. 

                                                                           Medawar (Premio Nobel de Medicina). 9*  

Nota:  El 9* es para indicar la coincidencia de esta bibliografía con la dada por Krebs en NOTAS

“Los imperios del futuro son los imperios de la mente”

                    Winston Churchill

PREMIO  NOBEL

 

RESEÑA HISTORICA  

Fué creado por el ingeniero químico Alfred  Nobel,  quien  incorporó la nitroglicerina y sus ésteres  (materiales altamente explosivos) en tierra de infusorios (diatomeas) y obtuvo la dinamita.  Sus patentes y fábricas  produjeron tanto dinero como miseria y destrucción bélica en la humanidad. Para compensar esta degradación humana, Alfred Nobel  ordenó en su testamento (1895) distribuir por iguales partes las ganancias anuales de sus empresas, entre las personas o sociedades que, durante el año anterior (a la entrega del premio) hubieran prestado a la humanidad los mayores servicios en los campos de la Física, la Química, la Fisiología y Medicina, Literatura  y Paz.  Así quedó establecido el PREMIO NOBEL, que comenzó a otorgarse en 1991.

“Mis fábricas podrían poner fin a la guerra antes que sus congresos.  El día en que sus ejércitos puedan aniquilarsen mutuamente en un segundo, todas las naciones civilizadas, es de esperar, renunciarían a sus guerras y licenciarían a sus tropas”.

                                                                                                      Alfred Nobel

Salón de Oro

PREGUNTA

Ya me referí a la importancia de hacer la pregunta exacta al escoger un tema de investigación, evitando aquellas que puedan llevar a resultados falsos y concentrándonos en la que en realidad vale la pena atacar.

Paul Weiss7 dice: “El objetivo primordial de la investigación no debe ser apenas datos y más datos, sino datos de valor estratégico”.  Por valor estratégico él quiso decir que una observación o un experimento debe llevar al esclarecimiento o solución de un problema o a un conocimiento mejor de un fenómeno, o a ligar hechos o ideas hasta entonces no relacionadas.

Goethe8 expresó la misma idea anteriormente: “El proceso en la investigación científica es muy difícil porque las personas se preocupan mucho con lo que no vale la pena conocer y con lo que no puede ser conocido”.  Medawar9 recientemente sintetizó lo anterior en la siguiente forma: “Si la política es el arte de lo realizable, la ciencia es el arte de lo soluble”.  Cómo escoger los problemas resolubles y cómo crear los instrumentos necesarios para llegar a una solución es algo que los científicos aprenden con las grandes figuras de la ciencia mucho más que con los libros.

Me gustaría subrayar, con base en mi propia experiencia, lo que Monod declaró con respecto a la importancia de pertenecer a un grupo de científicos como aquél que él encontró en el Instituto de Tecnología de California.  La asociación con un gran científico casi automáticamente trae la relación estrecha con sus contemporáneos más importantes, porque los grandes maestros tienden a atraer a los mejores alumnos.  Los estudiantes de todos los niveles aprenden tanto de sus colegas de trabajo  como de sus orientadores y eso fue muy verdadero en mi caso.  El laboratorio de Warburg en Dahlem, donde hice mi graduación, estaba rodeado de otros centros de excelencia.  Estaba localizado en el mismo edificio del laboratorio de Meyerhof  y el contacto entre los dos grupos de bioquímica era muy estrecho.  Mis propios colegas eran alumnos que posteriormente se tornaron premios Nobel: Karl Meyer,  descubridor del ácido hialurónico, Hans Gaffron, David Nachmansohn, Dean Burk, Frank Schmitt, Ralph Gerard y Herman Blaschko.  Entre muchos otros grandes científicos que trabajaban a algunos metros y que se reunían regularmente en coloquios semanales, estaban: Neubert, Hahn, Meitner, Haber, Polanyi y Bonhoeffer.

Existen muchos otros ejemplos de tales centros de excelencia y de formación de científicos..  Cambridge y Oxford deben parte de su importancia a su tamaño, que tornó posible reunir gran número de grupos estudiando un solo problema, en cuanto a las universidades restantes generalmente se restringían a pequeños departamentos con poca visión de la gran fertilización cruzada que ocurre con grupos mayores.  Es grato verificar los recientes progresos  en esas universidades, que removieron esa restricción y logran conseguir un ambiente de primera categoría.

Lo que he dicho no es simplemente tema de reflexión histórica.  Son lecciones que deben ser aprendidas, particularmente por los dirigentes universitarios que desean transformar las universidades en centros de excelencia.  Como la excelencia en la investigación científica es una de las bases fundamentales de la excelencia universitaria, inclusive en la enseñanza de graduación, las universidades deben hacer todo lo que está a su alcance para crear oportunidades  para la investigación de primera línea realizada por miembros de su cuerpo docente, pero, ¿ellas lo hacen?  O, en otras palabras, ¿ellas tienen medios económicos para hacerlo?

Otro ejemplo de la importancia del tiempo para el establecimiento de un buen nivel académico es el número relativamente grande de profesores universitarios financiados por el Medical Research Council.  Entre 1.961 y 1.966, no menos de 42 miembros del equipo del Medical Research Council, ingresaron en las  universidades para obtener grados académicos.  Eso fué posible porque  el Medical Research  Council daba oportunidad que las universidades no daban, permitiendo a los científicos, sobre todo, tiempo..  De ese modo, los auxiliares del Medical Research Council mostraron ser muy eficaces para la formación de científicos que pudiesen ocupar los mayores puestos universitarios.  Debo subrayar que es errado culpar al Medical Research Council (como se hizo) por mantener algunos científicos excelentes fuera de las universidades, cuando estas personas después de madurar, vuelven a la universidad bien preparados para cargos superiores.

La investigación a diferencia de las tareas rutinarias como la enseñanza, la clínica o la administración, necesita un esfuerzo crítico mínimo para ser eficiente y ese mínimo exige mucho tiempo.  Frecuentemente escucho decir a funcionarios que no saben lo que significa la investigación científica: “Pues si usted solamente tiene la mitad del tiempo que necesita, corte su investigación por la mitad. ¿Cuál es la diferencia?”.

Ese raciocinio es falso.  Se parece a la idea de que para disminuir el ruido del  motor de un avión, se debe reducir su velocidad.  Hasta un cierto punto, eso funciona y el avión vuela más despacio.  Pero existe un punto límite en que no es ya posible mantenerse en vuelo.  Con baja rotación del motor es posible cuanto mucho, andar sobre la pista, pero solamente esto.

La investigación científica exige un  gran vector crítico mínimo.  La eficiencia en la investigación no es perfectamente proporcional al esfuerzo realizado.  El científico que posee tiempo insuficiente puede conseguir correr en pistas bastantes buenas, más tendrá gran dificultad en decolar  -realizando algo realmente nuevo y original-.  Por otro lado, una vez que él ganó velocidad, él se encontrará en territorio nuevo y desconocido.  Uno de los modos más eficaces de ganar velocidad es hacer parte de un equipo.

Al contrario de lo que muchos piensan, hacer parte de un equipo no significa perder parte de su objetivo e iniciativa personal, o el éxito y reconocimiento individual.  Lo que un equipo tiene de ventajoso son sus bases (backgraund) experiencia y auxilio mutuo reunidos.  Esa base constituye un punto de partida para cualquier proyecto individual.

En último análisis, la razón de no conseguir alcanzar el nivel de excelencia, a pesar de las grandes potencialidades, es en muchos casos la circunstancia de que los responsables para  la organización de la vida de los científicos  les roban mucho tiempo.

Todo eso conduce a una pregunta mayor:   ¿nuestras  universidades hoy en día hacen todo lo que deberían hacer,  para formar los centros de alto nivel científico?  (objetivos que fueron fundamentales en la generación anterior). En muchas universidades americanas eso es de frecuente discusión, y es significativo que el actual Secretario de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos, John Gardnar10, anteriormente, Presidente de la Fundación Carnegie para el progreso de la Educación), ha escrito un libro provocador titulado “Excelencia”, con subtítulo: “¿Podemos nosotros también ser excelentes?”  No estoy seguro si nuestros principales financiadores, la University  Grant  Committe, en particular la tesorería, dan suficiente importancia y dinero, a la formación de centros de alto nivel en las universidades, el hecho es que en ciencia, la investigación y la docencia caminan paralelamente, y que en esta era de la ciencia el cultivo de la excelencia en la investigación científica, no es un ejercicio académico sino una fuerza económica y política.

Mis recelos están naturalmente influidos por mi experiencia personal en Oxford, donde, bajo el estandarte de la igualdad y de la democracia, las circunstancias actúan poderosamente contra el desarrollo de la excelencia en la ciencia. Yo temo que en unas cuantas esferas de la vida de este país tenemos demasiada igualdad y demasiado poca promoción de la excelencia. En Oxford, a muy pocos de los excelentes científicos jóvenes se les dá oportunidad de desarrollar sus potencialidades en la investigación científica, simplemente porque se les priva de tiempo.

Gran número de científicos prometedores de buena calidad dejaron a Oxford.  Eso probablemente beneficie a otras universidades inglesas si ellas se muestran más comprensivas o capaces de ayudarles más.

A menos que en nuestra universidad seamos  conscientes de estos problemas, y luchemos continuamente por el mantenimiento de los altos patrones, de lo contrario estaremos sujetos a retroceso.  Este es un asunto de responsabilidad general a todo el personal de la universidad.

 

* El titulo original de este artículo es  THE FORMATION OF A SCIENTIFIC: ∗ (La Formación de un Científico), pero el traductor, solo por polémica, ha querido alterarlo, que Krebs me perdone.

  NOTAS BIBLIOGRÁFICAS.

(1)  Warburg, O, Annual Rev. Biochem, 33, 1, 1.964

(2)  Liebig J, quoted by Volhard, Justus von Liebig 2, 9, 421, Leipzig, 1909

(3)  Von Dechend Hertha in Justus von Liebig (Verlag Chemie, Weinhelm,  Berstr, 1.965

(4)  Kekulé, A., Ber,Chem Ges, 23, 1381, 1899

(5)  Monod, J., Science, 154, 475, 1.966

(6)  Loeu, O., Annual, Rev. Phisical, 16, 1, 1.954

(7)  Weiss P., Science, 101-101, 1.945

(8)  Von Goethe, J. W., Maximen und Reflexionen.

(9)  Medawar,P.B. The Art of the soluble, <Methuen, London, 1.967

(10)Gardnar, J. W..Excellence, Harper, Nueva York, 1.961.

MORALEJA:

 

La excelencia científica es fundamental para el desarrollo de los países tecermundistas, pues solo ellos pueden solucionar directa o indirectamente  los problemas técnicos y/o tecnológicos que incumben al país, tal como se demuestra en la REVOLUCIÓN CIENTÍFICA-TECNOLÓGICA, descrita en esta web.

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